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Discrepancias en materia energética
El choque más inmediato se produce en el terreno económico. Bruselas no se opone a rebajar impuestos a los combustibles, pero exige que sean medidas "temporales" y "equilibradas". La Comisión ha recordado además que aplicar un IVA reducido del 10% a los combustibles —una de las vías manejadas por España— contraviene la directiva europea. En su lugar, recomienda rebajar impuestos especiales, algo que el Gobierno español ya ha comenzado a transitar, pero sin renunciar a su propio enfoque.
La tensión de fondo es evidente: mientras Bruselas insiste en que no se suspenderán las reglas fiscales al no haber recesión técnica, España ha defendido ayudas directas y topes de precios que algunos socios consideran excesivamente expansivos. El lastre de la deuda y la necesidad de invertir en defensa reducen el margen comunitario, pero Madrid parece dispuesta a priorizar el blindaje social frente a la ortodoxia fiscal.
Una diplomacia a contracorriente
Pero las diferencias no son solo económicas. En los últimos meses, el gobierno español ha multiplicado los gestos de autonomía estratégica.
1. Giro hacia Pekín. Mientras la UE apuesta por la obediencia con Washington reduciendo sus vínculos con China, Pedro Sánchez viajó por primera vez en 2023, repitió en 2024 y en 2025 y el 11 de abril Pedro Sánchez acudió de nuevo a China, su cuarto viaje en cuatro años consecutivos. Una sintonía incómoda para Bruselas, que busca precisamente lo contrario.
2. Críticas abiertas a Israel y denuncia del genocidio. El ministro Albares ha sido particularmente duro con el gobierno de Benjamin Netanyahu. El 9 de abril de 2026, en su comparecencia ante la Comisión de Exteriores del Congreso, calificó los ataques israelíes sobre Líbano como "una vergüenza en la conciencia de la humanidad", acusando a Israel de "despreciar el alto el fuego" al lanzar "cientos de bombas sobre Líbano en cuestión de diez minutos"; lo que reiteró al día siguiente ante el Senado. Esta dureza verbal no ha sido secundada por la mayoría de capitales europeas, más prudentes en su condena al genocidio.
3. OTAN, gasto récord sin disidencias. A diferencia de lo que podría parecer por su retórica, España no ha cuestionado los mecanismos de financiación común de la Alianza. Muy al contrario: según datos de la OTAN, en 2025 España incrementó su gasto militar un 44,55% respecto al año anterior, situándose como el sexto país de la Alianza que más aceleró su inversión. El gasto total alcanzó los 33.920 millones de dólares, lo que representa exactamente el 2% del PIB, cumpliendo por primera vez el objetivo fijado en la Cumbre de Gales de 2014. Este aumento espectacular —uno de los más altos de toda la OTAN— sitúa a España como la séptima economía que más dinero aporta a la Alianza en términos absolutos. Aunque el gobierno de Sánchez rechazó formalmente la propuesta de Donald Trump de elevar el gasto al 5% del PIB para 2035, calificándola de "desproporcionada e innecesaria”, los números demuestran que España ha hecho un esfuerzo inversor sin precedentes, muy lejos de una posición "disidente" en la práctica.
Teherán: la guinda del desmarque
La reapertura de la embajada en Irán, anunciada el 9 de abril de 2026, es el gesto más reciente y quizás más revelador. La sede diplomática había sido cerrada temporalmente el 7 de marzo tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel, que comenzaron el 28 de febrero. España no solo recupera presencia diplomática sin esperar una posición común de la UE, sino que lo hace en un momento en que Bruselas vigila con lupa el gasto de los Estados miembros. La decisión fue inmediatamente criticada por el ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa'ar, que la tildó de "eterna vergüenza”.
¿Una nueva voz en Europa?
El gobierno español parece estar construyendo un perfil propio: más intervencionista en lo económico, más autónomo en lo diplomático (pero alineado con los objetivos de gasto de la OTAN en la práctica). La Comisión Europea presentará en junio una evaluación detallada de todas las medidas de los diversos países europeos examinando las medidas para paliar la crisis energética (rebajas de impuestos, ayudas directas, topes de precios...). Para entonces, será más fácil saber si estas señales de desmarque son tácticas o el inicio de una etapa de tensiones entre Madrid y Bruselas.
El tono cada vez más belicista, la restricción de la libertad digital y el control de los ciudadanos por parte de la Unión Europea serán también asuntos clave para valorar el papel que juegan países europeos como España, aparentemente disidentes de una deriva distópica europea con tintes orwellianos.
